Son palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Sin la oración, que nos alcanza de la misericordia de Dios su gracia, serán inútiles todos nuestros esfuerzos, buenos propósitos y promesas.
Si no rezamos, no tendremos fuerzas para seguir fielmente el camino de la virtud, de los mandamientos, de la santidad.
Por eso, es una inmensa misericordia que Dios conceda a las almas la luz y la gracia para orar. Pidamos que nunca nos desanimemos ni nos olvidemos recurrir siempre a Él mediante la oración, especialmente cuando nos veamos más tentados y acechados.
La oración es fuerza del alma y descanso del corazón