Te invitamos a rezar con fe la Gozos del Inmaculado Corazón de María, poniéndote bajo la protección maternal de la Virgen María. También te animamos a completar el formulario y compartir tus intenciones, para que las presentemos en la Santa Misa, pidiendo a Dios y a la Virgen que intercedan por ti y por tus seres queridos.
Ya que llenáis de favores
A todo el que en Vos confía,
¡Oh Corazón de María!,
Rogad por los pecadores
Ya que sois, Madre divina,
De todos corredentora
De siglos restauradora
De salvación rica mina,
Hallen en Vos medicina
Tantos prevaricadores.
¡Oh Corazón…!
Del que va errado sois guía,
Ancora del naufragante;
En Vos halla el navegante
Sosiego, puerto, alegría;
Sin Vos, Madre, ¿qué sería
Del mundo lleno de errores?
¡Oh Corazón…!
Por el pecador mostrásteis
En el templo tal ternura
Que por él la espada dura
De Simeón aceptásteis;
Así, Madre, consolásteis
Nuestros llantos y clamores.
¡Oh Corazón…!
Jesús puesto en agonía
Rica prenda nos legó,
Pues por Madre nos dejó
A Vos, ¡oh dulce María!
Sí, nacimos, Virgen pía,
Mas ¡ay! de vuestros dolores.
¡Oh Corazón…!
Cuando su brazo irritado
Levanta el divino Asuero,
Y al pecador con su acero
Va a dejar exterminado,
Tierna Ester, a Vos es dado
Desarmarle en sus rigores.
¡Oh Corazón…!
Si Abigail la prudente
A Nabal logró el perdón,
También Vos la remisión
Obtendréis del delincuente;
Pues vuestro pecho ferviente
No interrumpe sus clamores.
¡Oh Corazón…!
Acordaos ¡oh Maria!
Que nadie jamás oyó,
Que sin consuelo volvió
Quien su cuita a Vos confía;
Defiéndanos, madre pía,
Ese Corazón de amores.
¡Oh Corazón…!
Por el dolor vehemente
Que a vuestro pecho oprimió
Cuando el buen Jesús murió
De amor víctima inocente,
Sienta el mismo impenitente
De su culpa los horrores.
¡Oh Corazón…!
Los cofrades, que a millones
Junta la Archicofradía
Del Corazón de María,
Os hacen mil peticiones,
Demandando conversiones
Siempre más, siempre mayores.
¡Oh Corazón…!
Vive libre de temores
El que dice cada día:
¡Oh Corazón de María,
Rogad por los pecadores!
V/ Qui me invénerit, inveniet vitam.
R/ Et háuriet salútem a Dómino.
Oremus
Omnípotens sempitérne Deus, qui in Corde Beatae Mariae Virginis dignum Spíritus Sancti habitáculum praeparásti: concede propítius, ut ejúsdem puríssimi Cordis festivitátem devóta mente recoléntes, secúndum Cor tuum vívere valeámus. Per Christum Dóminum nostrum. R/ Amén.
Tal vez no lo percibas, pero rezar la Oración de los Gozos del Inmaculado Corazón de María tiene una enorme importancia y puede transformar tu vida. Y no hablo únicamente de esta oración en particular, sino de todas las oraciones que puedas elevar a Dios.
La oración es un medio necesario y seguro para alcanzar la salvación y recibir todas las gracias que nos son imprescindibles en este camino. Yo no tengo esa posibilidad, pero si pudiera, imprimiría tantas copias de este libro como cristianos existen en la tierra y las pondría en sus manos.
Lo que más me duele es ver que muchos sacerdotes dedican poca atención a explicar a sus fieles el valor de la oración. Y también que tantos libros de religión que circulan entre los cristianos hoy en día no insisten lo suficiente en ello. Cuando en realidad, todos los sacerdotes y todos los libros deberían hablar con insistencia de la oración.
Es cierto que se enseñan medios excelentes para conservar la gracia de Dios: evitar las ocasiones de pecado, frecuentar los Sacramentos y otras prácticas muy útiles. Pero ¿de qué sirven las predicaciones, las meditaciones y todos los consejos espirituales sin la oración, si el mismo Señor ya nos advirtió que no concede su gracia sino a quienes oran?
Son palabras de Jesús. Sin la oración, desde la perspectiva de la providencia ordinaria, serán inútiles todas nuestras meditaciones, todos nuestros propósitos y todas nuestras promesas.
Si no oramos, seremos siempre infieles a las luces que recibimos de Dios y a los compromisos que asumimos.
La razón es clara: para obrar verdaderamente el bien, para vencer las tentaciones, para vivir las virtudes y, en una sola palabra, para cumplir los mandamientos de Dios, no bastan las luces recibidas ni las buenas intenciones. Se necesita además la ayuda constante de Dios.
Las luces, reflexiones y propósitos sirven para impulsarnos a orar en medio de los peligros y tentaciones; y con la oración alcanzamos el auxilio divino que nos libra del pecado. Pero si en esos momentos no rezamos, estaremos perdidos.
Por eso insisto en dar gracias al Señor: porque es una inmensa misericordia que Él conceda a las almas la luz y la gracia para orar. Espero que quienes lean estas palabras nunca se desanimen ni olviden recurrir siempre a Dios mediante la oración, especialmente cuando se vean tentados a ofenderlo.
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